Poemas de Chespirito
 
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Polerón
Poemas de Chespirito

A mi Madre
Hoy voy a decirte, madre
porqué amo la Noche Buena
Porqué cada vez que viene
yo siento que el alma entera
se me inunda de alegría
y me hace soñar quimeras.
Son añoranzas, recuerdos,
el pasado que regresa
en el aroma de un pino
y en el color de una esfera.
Es la niñez a tu lado.
con mis hermanos, ¿recuerdas?
salpicábamos el árbol
de juguetes y sorpresas;
pendientes de heno y escarcha
que desde lejos semejan
las barbas de Santa Claus
y la cola de un cometa.
"Yo quiero poner el pico"
¡Era la disputa eterna!
"Ya rompiste cuatro bolas"
¡Fue mi continua torpeza!
Y después a contemplar
cómo lucían las esferas,
como racimo de uvas,
como racimo de estrellas.
El nacimiento de barro
con su imprescindible cueva
a veces al pie del árbol,
a veces en una mesa
¡Aquel arroyo de escarcha!
¿no era como un poema?
¡Corriente de luz y plata
por un camino de piedras,
que descendía hasta el lago
de superficie muy quieta!
¡Nada menos que un espejo
con un patito de cera!
¿Quién puede dormir de niño
sabiendo que es Noche Buena?
¡Silencio, que estoy oyendo
ruidos en la chimenea!
¡Es Santa Claus que regresa
con un costal de paquetes
que al pie del árbol dispersa!
Más los soldados de pasta
y el cochecito de cuerda...
¡No son acaso los mismos
que vimos en una tienda?
¡Pero allá tenían un precio
pintado en una tarjeta...
¡Cómo jugábamos, madre,
sin imaginar siquiera
cuántas horas de trabajo
te costaba la Noche Buena.
Pero siempre hubo un árbol
con escarcha y con esferas,
un nacimiento de barro,
un regalo y una cena.
Y Navidad era hermosa
y más sabiendo que tú eras
el Santa Claus que compraba
los regalos en la tienda.
Por eso amo esta noche.
Por eso quiero que sepas
que para mí, madrecita,
tú eres la Noche Buena.
Mi Mejor Amigo
No me pasa inadvertida
esta verdad singular:
yo he tenido que cargar
conmigo toda la vida.
Verdad incontrovertida
que con prendas de egoísmo
se disfraza de heroísmo;
pues hay que tener paciencia
para librar la existencia
cargando con uno mismo.
En ningún momento dejo
de ser yo mi compañía.
Y miro día tras día
al mismo hombre en el espejo.
Tal vez un poco más viejo
y un poco más arrugado.
Más inútil, más cansado,
más sordo, más soñoliento,
más distraído, más lento;
en resumen: más usado.
Pero hay algo singular
dentro de esta situación:
la costumbre da ocasión
para contemporizar.
Por ello he de confesar
que el tanto vivir conmigo
justifica lo que hoy digo
a modo de confidencia:
que a fuerza de convivencia
yo soy mi mejor amigo.

Minero
Te vas a morir, minero.
Terminó el pequeño y triste
tiempo en que sólo fuiste
morador de un agujero.
Se puede expresar, empero,
una sentencia segura:
que en tu morada futura
no habrá mucha diferencia,
pues la mina fue en esencia
tu primera sepultura.
Ese fue tu triste sino:
al perforar socavones
fueron tus mismos pulmones
guarida del asesino.
Polvo caro...polvo fino...
polvo malo...polvo artero...
Y vas a morir, minero,
sin saber que quien te mata
es el polvo de la plata
que nunca fue tu dinero.
Florinda
Florinda Meza García,
Un nombre, es evidente,
que rima perfectamente
con la palabra "poesía".
Buen principio, yo diría,
para iniciar el proyecto
de un poema sin defecto
y sin mácula, amén
de que el nombre es también
octasílabo perfecto.
Por si no fuera bastante,
está la palabra "linda"
para rimar con "Florinda"
en perfecta consonante.
Y de modo semejante,
sin alardes de proeza,
resulta obvio que "Meza"
a más de ser apellido,
es palabra que ha servido
para rimar con "belleza".
Por tanto, sin más problemas,
la décima ya está
con la métrica que va
en semejantes poemas.
Mas ¿por qué tantas faenas?
si para hacer poesía
en realidad bastaría
con eliminar el resto
y escribir tan sólo esto:
"Florinda Meza García".

El Gordo y El Flaco
Con su atuendo de batalla,
corbata, bombín y saco,
llegan el Gordo y el Flaco,
dando brillo a la pantalla.
Entonces la risa estalla,
pero además se refleja,
que el público no festeja
tan sólo el esparcimiento,
sino también el talento
que resume la pareja.
Pues si el flaco se tropieza
no hay torpeza de su parte,
es el producto de un arte
que sublima la torpeza,
y con la misma destreza
tampoco el gordo fracasa,
cuando su flema retrasa
la ampulosa ceremonia,
con la sutil parsimonia
que es el sello de la casa.
Cómo gozamos aquellos
momentos inolvidables,
simultáneamente amables,
regocijantes y bellos,
y como aprendimos de ellos,
la pausa justa y precisa,
del humorismo sin prisa.
Tiempo ritmo y cadencia,
en la sin par excelencia
del poema de la risa.